LLEGAMOS A FIN DE CURSO… A PESAR DE TODO

Un año más llega junio y con él nuestro fin de curso; pero este no ha sido como cualquier otro. Bien sabemos lo que nos hemos tenido que reinventar y adaptar para poder continuar compartiendo nuestra PASIÓN ENCAJERA; y de todo punto ha merecido la pena…

A pesar de haber estado separadas, sin poder ver a nuestras compañeras y amigas; de haber estado confinadas, quiero quedarme con la parte positiva de todos estos meses, aunque me haya sido difícil encontrarla.

Os confieso que me costó mucho, muchísimo adaptarme a la situación; que lloré, me enfadé y me revelé por lo que estamos sufriendo.

Nunca creí que el trabajo, la ilusión y la alegría de estos últimos siete años creando y cuidando la formación de la escuela se vería tan dañada que sentí que una apisonadora me pasaba por encima. Pero no estaba dispuesta a que nos quitaran nuestra forma de disfrutar juntas, así es que había que reaccionar, y gracias a todas vosotras hemos mantenido TELEBOLILLOS (nombre que me aportó con cariño una de vosotras) vivo estos meses.

Habéis demostrado ser unas excelentes alumnas, agudizando el ingenio y sacando todo el conocimiento encajero que, en algunos casos, no sabíais que estaba ahí; y las que sólo llevabais unos meses “enganchadas” a este arte os habéis desenvuelto como si llevarais años…

Todas os habéis ganado el APROBADO, pero con NOTA.

Quiera daros las gracias por vuestra compañía, por vuestro cariño, por vuestra constancia y vuestro mejor hacer con las telecomunicaciones, que algunas veces nos han fallado, y por vuestra comprensión, y en alguna ocasión… paciencia conmigo.

Os deseo que tengáis el mejor de los veranos y que septiembre nos traiga el “reencuentro presencial”. Mientras tanto seguid haciendo crecer vuestros maravillosos encajes.

Besos.

LA GRAN EXPOSICIÓN DE 1851

Aunque hubo muchas exposiciones de productos manufacturados en varios países durante la primera mitad del siglo XIX, la Exposición de Londres de 1851 fue la primera que procuró tener una representación totalmente internacional.

Visitar este conglomerado de bellas artes y artes aplicadas, de materias primas, de productos manufacturados y de las máquinas que los producían ofrecía una abrumadora experiencia. Los expositores venían no solo de “todas las naciones” sino de cualquier clase de fábrica.

La Gran Exposición expresaba perfectamente la tendencia de mediados del siglo XIX: entusiasta, confiado incluso autosatisfecho. Adoptó las partes como un único todo, las técnicas mecánicas y manual, bellas artes y diseño industrial, y, sobre todo, expresaba el placer de la innovación.

Aunque algunas de las múltiples obras expuestas eran piezas únicas hechas especialmente para la Exposición, el catálogo de descripciones, los artículos ilustrados y las críticas que fueron publicadas posteriormente, dió una imagen integral de la industria del encaje de mediados del siglo XIX.

Era una imagen de la industria al completo, incorporando encaje hecho a mano y a máquina, tanto de elevado precio y belleza como de escaso valor. No hubo una nítida línea divisoria entre los tipos o calidades de los encajes, pero hubo un fuerte entendimiento entre muchos mercados diferentes en todo el mundo, del que toda la estructura dependía.

Por supuesto, había una estructura jerárquica para esta mezcolanza de materiales: en la cúspide estaban los excelentes encajes hechos a mano, que estaban más allá del alcance de las máquinas, pero debajo de ellos había líneas paralelas de encajes, hechos a mano y a máquina, ambos oscilaban entre competitivos diseños, productos bien fabricados, hasta copias más baratas pero peor hechas, a productos novedosos de corta vida y finalmente ribetes y aplicaciones comunes y corrientes.

Aparte de los principales productores, sólo uno o dos países fueron mencionados con detalle: Suiza gano un gran elogio por sus bordados y muselinas “mostrando a la vez un refinado gusto y un excelente trabajo, combinado con un bajo coste y utilidad”. La industria suiza se había expandido al este de Austria y al sur de Baden, y sus bordados se vendían en todo el mundo, especialmente a las Americas, Alemania, Italia y España. España, aunque fabricaba una importante cantidad de encaje negro para el mercado local, exportaba una pequeña cantidad que vendía solamente en las pocas exposiciones de Londres, donde fueron evaluadas para incluir “algunas piezas merecedoras de reconocer”. Otros países que fueron mencionados por sus encajes fueron Alemania y Austria.

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LAS INDUSTRIAS DEL ENCAJE 1830-1851 (II)

LILLE

Hasta el siglo XIX el encaje hecho en Lille no se podía distinguir de otras copias de Mechlin o Valenciennes; para que esto no ocurriera parece que se adoptó, junto con otros centros, el fondo de red girada sencillo de las blondas lisas y los encajes de hilo. Esto era más rápido de hacer y se adaptaba al encaje ligero basado en red que estaba de moda, aunque nunca se convirtió en un líder.

Veil of bobbin lace, Lille 1800

Los estilos sencillos de primeros del siglo XIX continúan favoreciendo el encaje de Lille, que tiene algo de esplendor en ese momento y sobrevivió a la crisis de 1820, sin embargo, a las encajeras de Lille les fue difícil enfrentarse a los grandes encajes de audaces patrones demandados por la moda a finales de 1830 hasta finales 1840 y la industria comenzó a declinar; aunque fue elogiada en la Exposición de 1851, donde su fondo es descrito como “el más fino, ligero, transparente y mejor hecho de todos los fondos”. En ese momento, los motivos finos y puntiagudos habían sido reemplazados por una mayor variedad de flores con ramitas curvadas.

MECHLIN

Durante el primer cuarto del siglo XIX mantuvo su reputación de importante encaje elegante; sin embargo, no podía competir con el encaje de bolillos de Bruselas en el campo de los grandes accesorios, ni podía esperar ser un rival para la blonda con su gran aceptación. Se mantuvo en el mercado, empezando débil durante 1820-1830, con el desarrollo de mayores diseños que no encajaban con su ligereza y delicado estilo.

Sin embargo, el lugar establecido por Mechlin en el mundo de la moda de la vestimenta aseguraba que era el primer objetivo para imitar por la máquina. Las copias nunca fueron tan exactas como en el caso del encaje de Lille, pero desde principios de 1840 las fábricas de Nottingham produjeron imitaciones pasables que mejoraban constantemente, hasta que se hizo necesaria una inspección para diferenciar las piezas originales de las imitaciones.

Como otras técnicas, también era un encaje recto por lo que las encajeras no podían renunciar al fondo de red en favor de la red hecha a máquina, como hicieron las de Bruselas; ni adoptaron ninguna técnica de unión de piezas para ganar mercado en los productos grandes.

La situación se vuelve peor durante la segunda mitad de siglo y la manufactura de encaje a mano de Mechlin casi desaparece, aunque no completamente.

EL ENCAJE INGLÉS

Después de los tortuosos días del bloqueo napoleónico, en los que la industria del encaje se benefició del bloqueo a los productos extranjeros, sufrió un periodo de declive que continuó hasta finales de 1820, cuando la moda volvió a inclinarse en su favor.

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LAS INDUSTRIAS DEL ENCAJE: 1830-1851

BLONDA FRANCESA Y CHANTILLY

A principios del siglo XIX la mejor blonda se hacía en Chantilly y en Caen, principalmente en seda blanca o de color natural pero también en seda negra para el mercado español, y también en hilo de lino para un uso más cotidiano. Se vio menos afectada que otros encajes por la crisis de 1815-1825, y como otras técnicas comenzó a renacer, y a los dos centros originales se unió el de Bayeaux.

La industria aquí se estableció en 1827 por Madame Charpentier, pero en 1829 tomó el negocio August Lefébure, una de las figuras más influyentes de la industria del encaje francés durante el siglo XIX. Él era un fuerte (apasionado, agudo, vivo, aplicado) hombre de negocios y se concentró en desarrollar los mercados de España e Hispanoamérica donde el encaje aún se llevaba en mucha mayor cantidad que en cualquier lugar de Europa.

Con este fin, el desarrollo los encajes espesos de seda conocidos como “blondes mates”, que también encontraron mercado en la moda más allá del vinculado a España, en la década de 1830.

Según declinó la moda por la blonda durante la década de 1840 las encajeras de Chantilly, Caen y Bayeaux se pasaron a hacer encaje negro con hilo de seda sin brillo llamada “granadine” que se mantendrá de moda durante el resto del siglo.

El encaje de Chantilly original tenía un delicado fondo de estrella de seis puntas y a menudo se combinaba con un ligero fondo de malla girada del tipo de Lille que más tarde lo reemplazará. El patrón es trabajado en un delicado medio punto llamado “grillé” y estaba contorneado por un hilo de seda más espeso.

Durante la década de 1840, según creció el mercado de grandes piezas las encajeras de Chantilly se copiaron de las de Bruselas y comenzaron a unir tiras de encaje con puntos invivibles llamados “Point de raccroc”.

ENCAJE DE BRUSELAS

La desaceleración del comercio del encaje que tuvo lugar a primeros de 1820 se prolongó en Bruselas y en los Países Bajos debido a la posición dominante mantenida por la blonda francesa y las mallas bordadas, mientras que la situación se hizo más difícil por una serie de crisis políticas. Esto fue finalmente resuelto por la creación en 1831 del nuevo reino de Bélgica y la garantía de independencia y neutralidad conseguida en el Tratado de Londres de 1839.

Para la década de 1840 la moda era más proclive a la delicadeza del encaje de Bruselas que era ricamente decorado, y se hicieron grandes esfuerzos para expandir y mejorar la industria en respuesta a la nueva demanda.

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LA MODA DE 1830 a 1850

El cambio de tendencia en la moda se vio reflejado en los nuevos diseños tanto de ropa del hogar como en los vestidos.

Las tendencias de la década de 1820 continuaron: la cintura sigue su lento descenso, las faldas aumentaron de volumen y lo más evidente, las mangas adoptaron enormes proporciones. Su amplia extensión cubría hasta los hombros con una variedad de cuellos de muselina bordada, “fichus” (pañoletas triangulares anudadas alrededor del escote) y capas. Esta moda alcanzó su punto álgido alrededor de 1836, cuando todas las faldas con volantes decorativos hasta los pies dejan un espacio para colocar una serie de enaguas dando equilibrio al conjunto.

Los sombreros, que son especialmente grandes, mantienen su tamaño; y su gran ala se decora con encaje o velos de red de considerables dimensiones.

En los trajes de noche desaparecen los cuellos de muselina y los escotes de los vestidos se decoran con grandes volantes de encaje; también se usa el encaje para los volantes de las faldas y en los delantales de encaje, que vuelven a estar de moda en la década de 1820. La mayoría de este encaje son blondas o malla bordada, pero de nuevo se comienzan a llevar otros tipos de encajes a finales de 1830.

Las piezas grandes (chales, capas, …) fueron las primeras beneficiadas de la industria del encaje a mano, dado que las máquinas solo hacían insignificantes ribetes y las mallas bordadas no podían competir ya que su precio se aproximaba a algunos encajes a mano. Además, las modas de las décadas de 1830 y 1840 permitían a las encajeras de Bruselas y Honiton aplicar su técnica del “encaje por partes”, reduciendo incluso la diferencia de coste entre el encaje real y el encaje bordado a mano.

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DESARROLLO DEL DISEÑO 1810-1850

Las diferentes industrias de encaje se vieron afectadas desde la década de 1830 en adelante tanto por los cambios en la moda de los vestidos como por el progreso relacionado con el diseño de los textiles.

Durante los primeros 30 años del siglo XIX había habido un pequeño uso de grandes estampados en cualquier textil; la mayoría de ellos tela tejida utilizada para mobiliario, y los vestidos eran lisos o estaban decorados con diminutos puntitos y motivos de ramitas, era una continuación de los estilos de finales del siglo XVIII.

Las piezas más elaboradas de moda eran chales y cintas o lazos de seda, estos estaban estampados con brillantes motivos florales, densos y cada vez más naturalistas, y este tipo de decoración se repetía en algunos accesorios bordados con seda, y en mobiliario más pequeño.

El encaje llegó a una posición equilibrada; en general el centro de un encaje, de cualquier tipo, estaba hecho de red sencilla y la decoración se limitaba al borde, excepto por dispersos puntitos o ramitas. Esta colocación básica era elaborada cuando el pequeño ribete de ramitas aumentaba continuamente de tamaño y una elaborada y marcada curva que era definida por el borde festoneado de moda.

Hacia mediados de la década de 1820 las ramitas se habían convertido en el motivo floral más utilizado con una gran flor o grupo de flores cubiertas por la curva de una gran hoja o formando una espuma curvada.

Este motivo se ajustaba especialmente al encaje de blonda, así como la brillante seda destacaba en el trabajo denso de las hojas y las flores, mientras que los bordes deliberadamente tupidos hacían un efecto de contraste con el centro de red de fina gasa.

Muchos de los encajes de blonda de los años 1830 a 1840 se hicieron con una seda más gruesa para las zonas estampadas y una seda más fina y más torsionada para los fondos. Este tipo de blonda se llamó “blonda mate” y se desarrolló principalmente para el mercado español, que prefería los encajes densos y tupidos.

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MODA E INDUSTRIA 1810-1830

EL ENCAJE EN EL PERIODO ROMANTICO 1810-1851

El periodo de 1810 a 1851 fue una etapa difícil para la industria del encaje: la moda en la vestimenta y en el hogar cambiaron de forma radical y la demanda de encaje fluctuaba continuamente.

La relación entre el encaje hecho a mano y hecho a máquina funcionó, utilizándose ambos sin distinción de clases sociales. Además, como marcado contraste del inicio de este periodo, el encaje dejo de ser una parte importante de la vestimenta masculina.

MODAS EN VESTIMENTA Y EN ENCAJE. 1810-1830

En la década de 1810 se percibe una suavización del rígido estilo neoclásico, una evolución que se debió en gran medida a la vuelta al interés por el periodo medieval. Esto comenzó en la segunda mitad del siglo XVIII, y se expresa en las extravagantes creaciones del neogótico, y continua a principios del siglo XIX con la llegada del periodo romántico. Encontramos ejemplos de esta tendencia en todas las artes decorativas, incluyendo la menor de ellas, la moda en la vestimenta.

El encaje de Bruselas es el que está más de moda en ese momento, seguido por la blonda (normalmente llamada “blonda Chantilly”) y algunos otros como Mechlin, Lille, encaje de aguja francés, y encaje inglés, tanto a mano como a máquina. Se usan para pequeñas puntillas, accesorios más grandes y para los vestidos totalmente de encaje; que siguen estando de moda hasta mediados de 1820.

Los velos eran un accesorio generalizado y característica de muchos vestidos, la moda apostaba por “un velo transparente de Bruselas echado por detrás de la cabeza y cayendo irregularmente sobre los hombros”.

El encaje continuó jugando su papel en la moda de los vestidos: los ribetes que principalmente decoraban los escotes se hicieron más llamativos. Velos y chales continúan siendo populares, así como los vestidos hechos enteramente de encaje. Muchas de estas piezas estaban hechas de encaje de Bruselas, Lille u otros más ligeros, pero en 1820 los encajes continúan perdiendo constantemente terreno frente a las blondas de seda francesas de diseños relativamente densos.

LAS INDUSTRIAS DEL ENCAJE. 1810-1830

La industria francesa del encaje, con la excepción de la blonda hecha a mano y el tul hecho a máquina, estuvo en grandes dificultades durante este periodo y la creciente popularidad de la muselina fue un golpe más. De hecho, para la exposición del comercio parisino de 1819, los principales distribuidores de encaje exponían sobre todo “bordados sobre tul a máquina y muselina”.

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A MÁQUINA 1764-1818

MALLA O RED HECHA A MAQUINA 1764-1818

La industria de la red o malla a máquina es una creación del siglo XVIII que tiene sus orígenes en los intentos de hacer tejidos con motivos, de forma rápida y más barata, para tener en existencias.

Esta ingeniosa máquina, que había sido inventada por Revd William Lee en 1589, era la pieza de ingeniería más compleja del momento; su mayor éxito era completar una fila entera de puntos de una sola vez en lugar de ir añadiendo uno a uno, aunque como el punto a mano, la máquina trabajaba con un solo hilo continuo y producía un tejido idéntico.

Cada punto en una vuelta del tejido está representado en un bastidor por una punzante aguja sobre una línea en la que una hebra de hilo es lanzada; esto fue apretado en lazadas entre las agujas por una serie de utensilios llamados “sinkers” (pesa de plomo); el hilo continuo vuelve en una segunda línea a través de las agujas y es empujado arriba dentro de las cabezas que estaban cerradas mientras la primera línea de lazadas de hilo se deslizaba sobre ellas para formar un vuelta de lazadas tejidas y así sucesivamente.

En 1771 Robert Frost y un tejedor llamado Holmes hicieron otra máquina, que moviendo una tercera línea de agujas hacia derecha o izquierda producía un fondo hexagonal; otra mejora fue adaptarse a hacer grandes agujeros imitando el fondo de filigrana del encaje de Buckinghamshire, esta red era lo suficientemente firme para poder cortarse en tiras y los bordes eran sobrecosidos, a este proceso se le llamo “whipping”, por lo que la red podía ser usada para anchos bordes llamados “quillings” que se usaban muchísimo para decorar gorros y otros accesorios. Este fondo era grueso y la rejilla no era exactamente hexagonal, pero tenía éxito comercial y había alrededor de 200 máquinas haciendo este tipo de malla en Inglaterra en 1790, fue superada por el éxito de la máquina de red de punto, pero se continuó usando en Francia, España, Italia y Alemania.

Todas las mallas hechas en las primeras máquinas eran de seda, en negro y en crudo (blonde) y el “fast point” era un tejido en hilo no sólo para blondas de encaje de bolillos sino para finos encajes de hilo de Tulle, Lille y Buckinghamshire, y también para tejidos a máquina, sobre todo seda y gasa.

El último acontecimiento del siglo XVIII que tuvo repercusión en la industria del encaje a máquina del siglo XIX fue el bastidor de urdimbre. Este se combinó con la base del telar convencional y el bastidor de tejer cambiando el hilo sencillo de este por una serie de urdimbre de hilos. Estos aún formaban lazadas y las largas y verticales cadenas estaban bloqueadas para fabricar con el movimiento de las lazadas en las agujas cercanas en una forma de zig-zag.

Dado que era teóricamente posible mover las lazadas a un número variable de agujas de izquierda a derecha y formar agujeros sin moverlos en absoluto, la técnica tenía un gran potencial. También, según se tejía el hilo en series de lazadas simples, era más rápido trabajar con el bastidor de tejer y podía ser usado para hacer piezas mucho más anchas. Incluso era posible variar la densidad del tejido y a finales del siglo XVIII la mayoría de los bastidores de urdimbre fabricaban gruesos tejidos de lana. El primer intento por usarlo para hacer malla fue en 1795, y hacia 1810 había 455 telares de urdimbre en Nottingham haciendo una malla bastante burda de seda llamada “Mechlin” que principalmente era exportada a América.

Hethcoat hizo un salto imaginativo que le permitió hacer una máquina que reprodujera exactamente el fondo de malla del encaje de bolillos de los condados de Midland (Inglaterra), en donde él se había inspirado. El elaboró un fondo de malla girado en plano, la mitad de los hilos se mantenían más o menos en una posición vertical siendo retirados solo un poco fuera de la línea por la acción del resto de los hilos atravesados diagonalmente en dos grupos, moviéndose horizontalmente. Para reproducir esto con una máquina, Heathcoat alargó la mitad de los hilos verticalmente en el bastidor entre un telar de urdimbre y un telar de rodillo, la mitad estaban enrollados en bolillos y asegurados a la parte superior del rodillo en medio de los hilos de la urdimbre. Esta red se hizo girando el hilo de los bolillos con un movimiento de péndulo entre los hilos de la urdimbre, rodeándolos para formar una vuelta y volviendo gradualmente al lugar según atravesaba la red.

El invento de Heathcoat fue importante por dos aspectos: Era fácilmente adaptable a la potencia motriz y además era rápidamente instalada en el sistema de fabricación. En segundo lugar, fue capaz de trabajar con hilo de algodón mucho antes y ayudaba también a extender el uso del algodón a todos los sectores de la industria del encaje, incluyendo el encaje a mano.

 

 

Fuente: LACE. A HISTORY de Santina M. Levey

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