EL ENCAJE DE BOLILLOS FLAMENCO

La técnica del encaje de bolillos se desarrolla en Flandes, al igual que en Italia, en el primer cuarto del siglo XVII.

En contraste con los encajes italianos, hechos en lino, seda e hilos metálicos que formaban una trama espesa y fuerte, los encajes de Flandes eran ligeros y delicados, hechos con hilos mucho más finos y patrones más abiertos. Mientras que los italianos se utilizan para la ropa de casa, vestiduras pesadas de terciopelo y grandes cuellos rígidos, los de Flandes se usaron para embellecer las golas y más tarde vestidos y trajes.

No es fácil seguir su evolución; se comienzan a realizar piezas tan grandes que introducen áreas a punto tejido, pero aún mantienen su gran delicadeza. Se adopta la técnica de “part-lace”, encaje en trozos, lo que lleva a incrementar las áreas a punto tejido, que más tarde será una de las mejores características de este encaje.

Uno de los primeros ejemplos es la colcha que se hizo con motivo de la boda de los archiduques de Flandes, Alberto e Isabella en 1599.

Está hecha por 120 cuadrados. Los motivos pictóricos de cada cuadrado incluyen representaciones de Santa Gúdula (patrona de Bruselas), de historias populares asociadas a Amberes y motivos relacionados con las reglas de los Habsburgo de Flandes.

Está realizada con la técnica part-lace, hecha principalmente en punto tejido con líneas abiertas para definir el patrón y con algunos rellenos como adornos. Ilustra un temprano ejercicio en un campo en el que las encajeras flamencas eran excelentes, pero, aunque ingenioso en su concepción y ejecución, carece del hábil diseño y técnica de acabado de los primeros encajes italianos.

AVANCES EN EL DISEÑO DEL ENCAJE Y EL TRIUNFO DEL ENCAJE DE FLANDES: 1625-70

Durante este periodo solamente el encaje de bolillos de Genova parece no haberse alterado, tanto en su espesor como en la geometría de sus formas, siendo los diseños de “encaje de rosa” los favoritos. Esto era contrario no sólo al estilo más libre y ligero de los diseños del momento sino también a la relación entre el encaje y las telas que se utilizaban.

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LOS ENCAJES DE BOLILLOS ITALIANOS

Estos encajes son todos pequeños fragmentos que, aunque muy bien trabajados, no hacen justicia a las capacidades del encaje de bolillos de principios del siglo XVII.

Un excelente ejemplo de este periodo que ha sobrevivido al paso del tiempo lo vemos en esta gran colcha tradicionalmente asociada a Felipe IV de España, por el águila de los Habsburgo y la orden del vellón de oro con los que está decorada.

Si la colcha se debe atribuir a Italia o a Flandes ha sido tema de continuo debate. Por su manufactura se atribuye tanto a unos como a otros.

A pesar de los estrechos vínculos entre España y Flandes, y de la supremacía de estos en el campo del encaje de bolillos, el diseño y la técnica sugiere un origen italiano, probablemente de Venecia. Desde 1608 ya se conoce el uso del encaje de bolillos veneciano en nuestro país; aunque Venecia continuaba fuera del área de dominio español existían fuertes vínculos comerciales.

Los libros de patrones de Isabetta Parasole, que incluyen diseños comparables a algunas partes de la colcha, están dedicados a españoles, incluidos miembros de la familia real. Sus libros también contenían diseños para realizar elaborados puntos de esquina (como en la colcha) que se extienden más allá de la línea de otros puntos. Otro autor los describirá como “encaje a la española” en referencia a la forma y al estilo más que a la técnica en sí.

Técnicamente esta colcha es un descendiente directo de los encajes de Le Pompe. Está realizada con la misma densidad, trenzas unidas con ganchillos y decorado con picots y vueltas. Muestra un incremento considerable del uso del punto de tejido (lo que no encontramos en Le Pompe).

Por sus medidas, 1,35 x 1,32 m., la colcha está trabajada en lo que se denominó “part-lace”, encaje por o en partes. Está compuesta por grandes bandas concéntricas trabajadas como tiras, con hilos longitudinales que recorren completamente el perímetro alrededor. Las águilas, los motivos de vellón de oro y el fondo de trenzas que los rodean están trabajados aparte.

Si la colcha fue hecha para Felipe IV debió de ser al comienzo de su reinado (1621-65) antes de que la pieza central de estilo morisco y los motivos renacentistas de los bordes estuvieran pasados de moda.

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LA EVOLUCIÓN DE LOS PATRONES Y EL DESARROLLO DEL ENCAJE

TÉCNICA DE ENCAJE DE AGUJA

A pesar de la importancia del geométrico cutwork durante el primer cuarto del siglo XVII, en este periodo se rompe con estos trabajos basados en decorar tejidos, para fabricar encajes en sí mismos.

Fueron los italianos los que tomaron la iniciativa. Su gusto por los encajes de diseños libres lideró el desarrollo del “punto-in-aria” (punto al aire) o técnica del encaje de agua.

Esta evolución en los patrones queda patente a través de los libros de tres diseñadores italianos:

Cesare Vecellio, veneciano. Sus cinco libros de patrones llegaron a las 60 ediciones entre 1591 y 1625; contenían patrones con estructura cuadriculada y sombreada para cutwork pero también patrones libres para elaborar otros encajes.

Isabetta Parasole, de Roma. Aunque sus libros contienen algunos de los más bellos diseños de cutwork, también publicó diseños para todo tipo de trabajos de encaje. Y en sus últimos libros, incrementó el número de patrones para “punto-in-aria” siguiendo el desarrollo de la técnica libre del encaje de aguja.

Incluso más importantes para demostrar la ruptura con los diseños del bordado son los libros de Bartolomeo Danieli, publicados en Siena y Bolonia entre 1610 y 1643, abarcando el periodo de mayores cambios en diseño y técnica. Abandonó todas las referencias al cutwork (aunque mencionaba la reticella en el título de sus páginas); y sus patrones demuestran un profundo conocimiento de la nueva técnica del encaje de aguja. Sus libros, que fueron los últimos libros importantes de patrones publicados en la época, resumen perfectamente el éxito de los encajes de finales del siglo XVI y principios del XVII.

 

TÉCNICA DEL ENCAJE DE BOLILLOS

Los libros de patrones también sugieren un desarrollo, incluso más sorprendente, de la técnica del encaje de bolillos en el mismo periodo.

En su libro “Specchio delle virtuose donne” en 1595, Isabetta Parasole incluye tres patrones para sencillos ribetes en encaje de bolillos. En 1616, cuando publica “Teatro delle nobili et virtuose donne”, la sección de encaje de bolillos ha crecido a nueve páginas.

Casi todos los picados eran para finos bordes o ribetes del tipo de Flandes; lo que hace pensar que están basados en encajes llevados a Roma por los holandeses, que se refugiaban allí de las persecuciones del Duque de Alba.

De hecho, muchos de los patrones son similares a piezas de encaje de un libro de muestras de un comerciante flamenco. Y pueden ser comparados a los encajes de los retratos flamencos de los primeros 30 años del siglo. Son unos pocos diseños que, sin embargo, sugieren que el tipo de encaje de bolillos italiano de “Le Pompe” se desarrolló de la misma manera que el de aguja.

En el momento que Danieli publicó su segundo libro, “Libro de diversi disegni” en 1630, la técnica del encaje de bolillos está completamente desarrollada y sus elaborados patrones son igualmente aplicables al encaje de bolillos y al encaje de aguja

           

PIEZAS DE ENCAJE DE AGUJA         PIEZAS DE ENCAJE DE BOLILLOS

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LA FUSIÓN DEL ENCAJE DE BOLILLOS Y EL ENCAJE DE AGUJA

Durante el último cuarto del siglo XVI, el uso del encaje de bolillos en blanco para rematar y embellecer los finos de trabajos de cutwork hizo que llevara a un completo desarrollo de la técnica.

La amplia aceptación en el uso, que obtuvo esta unión se ve confirmada en la publicación de patrones en conjunto desde 1590 hasta principios 1600.

Mientras que el cutwork comienza a ser más calado, el encaje de bolillos empieza a utilizarse no sólo como una decoración adicional, sino también como una alternativa más barata que produce el mismo efecto.

Muchas piezas de encaje de bolillos que han sobrevivido reproducen meticulosamente los diseños geométricos del cutwork. El encaje de aguja también imita los diseños desarrollando una red geométrica de hilos trenzados.

Indudablemente era más rápido y barato de hacer, aunque inicialmente se le consideró inferior al cutwork, pero marca el comienzo de un importante desarrollo en la técnica del trabajo.

Durante los primeros 30 años del siglo XVII, se generalizó el uso de copias de cutwork hechas en encaje de bolillos, lo que contribuyó a que los encajes blancos de bolillos formaran parte de la moda en el vestir.

La técnica del encaje de bolillos comienza a mostrar su potencial al trabajar con unos diseños más libres que el encaje de aguja, más ligeros y, también más baratos.

Muestra los primeros ejemplos de este desarrollo

Son ejemplos de un estilo italianizado y, relativamente más pesados si los comparamos con los finos encajes de Flandes.

Este retrato de Ana de Dinamarca, pintado sobre 1610, la muestra llevando un fino encaje negro de Flandes; su corpiño está decorado con una cinta tipo torchon y en el cuello se puede ver un borde rematado con un diseño de delicadas conchas sumamente popular en el primer cuarto del siglo XVII.

Aunque prácticamente no han sobrevivido trabajos de encaje en negro debido al efecto corrosivo de los colorantes utilizados para teñir los hilos.

Es a partir de estos pequeños comienzos, de estas pequeñas apariciones unido a otras técnicas de encaje, cuando se desarrollan los magníficos encajes de bolillos del segundo cuarto del siglo XVII; de los que hablaremos la próxima semana.

 

Fuente: LACE. A HISTORY de Santina M. Levey

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OTROS ENCAJES DE LA EPOCA

En el periodo que abarca el siglo XVI y mediados del XVII coexisten varios tipos de encajes; todos ellos conviven e incluso llegan a fusionarse en piezas y adornos dependiendo principalmente de la moda; pero también del país en el que surgen, en el que se desarrollan (no siempre va a ser el mismo) y en el que se aplican.

El grupo de los encajes de RETICELLA, atribuido a Italia, aunque realizado en toda Europa, consistía en una trama de hilos trenzados que formaban una red, en lugar de trabajar sobre un fondo de tejido.

Las piezas son copias exactas de los trabajos de cutwork, incluso imitan el trabajo de zurcido de los bordes, conseguido con pequeños grupos de puntos de ojal, también trabajado con formas geométricas. El gran tamaño de la red y unos diseños más abierto hace pensar que data del siglo XVII, cuando el cutwork estaba en pleno auge. Pero, aunque era más barato y rápido de trabajar no lo desplazó en absoluto.

El último tipo de encaje italiano con origen en el siglo XVII fue PUNCETTI, encaje de aguja que consistía en piezas trabajadas con densas líneas de puntos tirantes anudados. Normalmente las piezas eran pequeñas y se utilizaron insertadas en telas u otras piezas de encaje, por eso y por su simplicidad es muy difícil datarlas.

Otro arte muy antiguo que consistía en hacer una red o malla de nudos ayudándose de aguja o lanzadera es LACIS, que quizá nació como respuesta a las necesidades de los pescadores, ya que en la época medieval las redes no se utilizaban sólo en pesca o en caza, también se utilizaban, en una versión más reducida, como decoración textil.

Estaban hechos de lino y seda y se utilizaban como redecilla para el pelo, cinturones, monederos, así como para el uso doméstico y eclesiástico.

Parece que su uso se extendió rápidamente desde finales del siglo XV, cuando la seda fue reemplazada por el hilo blanco de lino respondiendo a los cambios de la moda, lo que resultaría con el tiempo el desarrollo del encaje de bolillos y el de aguja.

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